02209nam a2200157 a 4500008004100000020001800041041000800059100001900067245007000086250006700156260003500223300002200258500010800280505164800388655001502036180221e2010 sp ||||g |||| 00| 1 spa d a9789507321184 aspa1 aLarsson, Stieg3 aLa reina en el palacio de las corrientes de aire /cStieg Larsson a4a ed.bTraducción Martin Lexel y Juan José Ortega Román aBuenos Aires:bDestino;c2010. a864 p.c23x14 cm. aLarsson, S. (2010). La reina en el palacio de las corrientes de aire. (4a ed.). Buenos Aires : Destino. aLos lectores que llegaron con el corazón en un puño al final de La chica que soñaba con un cerilla y un bidón de gasolina quizá prefieran no seguir leyendo estas líneas y descubrir por sí mismos cómo sigue la serie y, sobre todo, qué le sucede a Lisbeth Salander. Como ya imaginábamos, Lisbeth no está muerta, aunque no hay muchas razones para cantar victoria: con una bala en el cerebro, necesita un milagro, o el más habilidoso cirujano, para salvar la vida. La esperan semanas de confinamiento en el mismo centro donde un paciente muy peligroso sigue acechándola: Alexander Zalachenko, Zala. Desde la cama del hospital, y pese a su gravísimo estado, Lisbeth hace esfuerzos sobrehumanos para mantenerse alerta, porque sabe que sus impresionantes habilidades informáticas van a ser, una vez más, su mejor defensa. Entre tanto, con una Erika Bergre totalmente inmersa en las luchas de poder y las estrategias comerciales del poderoso periódico Svenka Morgon-Posten, en horas bajas tras el descenso de las ventas y de los anunciantes, Mikael se siente muy solo. Quizá Lisbeth lo haya apartado de su vida, pero a medida que sus investigaciones avanzan y las oscuras razones que están tras el complot contra Salander van tomando forma, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la Justicia y del Estado de vida y la libertad de Lisbeth. Pesan sobre ella durísimas acusaciones que hacen que la policía mantenga la orden de aislamiento, así que Kalle Blomkvist tendrá que ingeniárselas para llegar hasta ella, ayudarla, incluso a su pesar, y hacerla saber que sigue allí, a su lado, para siempre.  aLiteratura